Princesa en el mundo real

Regalo

Donde se relata el día de Reyes de una princesa de hoy, en el mundo de hoy

Hoy era un día especial para la princesa, el día en que, al despertar, sus aposentos estaban llenos de regalos. A pesar de estar abandonando la juventud, hoy despertó con la misma ilusión que cuando era niña, con esa cara de felicidad que sólo los niños saben poner. Por supuesto, sabía que la interminable carta que escribió a los Reyes Magos (para sus adentros, porque ya no es edad) no la encontraría bajo el árbol de Navidad, pero su ilusión es más fuerte que su razón, y en el fondo de su corazón albergaba la esperanza de encontrarlo todo.

Y así se acercó al árbol que estaba lleno de regalos para ella. Abrió el primer regalo… un diario.

El segundo… ropa interior.

El tercero… una nariz de payaso.

El cuarto… un disco de su artista preferido.

El quinto… una joya para el cuello.

El sexto… un espejo de mano.

Aquí se paró. Al ver su cara en el espejo, contemplar su cara de felicidad, esa cara que sólo los niños saben poner… le llevó a reflexionar sobre sí misma. ¿Qué había perdido? ¿Qué había ganado? ¿Qué quedaba de la niña del espejo? ¿Qué era conveniente conservar? ¿Y perder?

El séptimo…

Ya no importaba. Las preguntas se repetían en su cabeza, aunque seguía abriendo los regalos mecánicamente, mientras (sin darse cuenta) su sonrisa se iba difuminando. Porque su regalo (el regalo) no apareció, siguió abriéndolos uno a uno con el ceremonial del momento, pero ese regalo que ella deseaba no estaba… quizás porque no puede estar. Quizás porque el regalo que buscaba estaba dentro de ella misma, y no afuera; porque ese regalo se lo tenía que hacer ella a sí misma, y quien sabe si por miedo, o por pereza, o por cabezonería, o por desconocimiento, o… no se atrevía.

Y hoy no podía hacerse ese regalo, porque no es un regalo que se construya en unos minutos, ni en un día…

Pero lo que la princesa no sabía es que esa duda, esa reflexión, esa incertidumbre, era el mejor regalo que los Reyes Magos le habían traído. Y sí, en cierto modo, fue ese el regalo que se hizo a sí misma, el mejor regalo de reyes que nadie le había hecho hoy.

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